Balance del modelo de dirección del Ayuntamiento de Madrid

BALANCE DEL MODELO DE DIRECCION DE LA ADMINISTRACION MUNICIPAL DESDE LA ETAPA DEL ALCALDE ALBERTO RUIZ GALLARDÓN HASTA HOY

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La actual estructura de dirección de la administración municipal creada y mantenida por los distintos equipos de gobiernos consecuentes a la elección de Alberto Ruiz Gallardón como Alcalde en 2003, de cuyo acceso están excluidos de facto los funcionarios de carrera del Ayuntamiento de Madrid, es una estructura hipertrofiada, costosa, politizada e ineficiente.

 Ahora que se avecina el fin de un ciclo, quizás vale la pena dejar constancia de cómo se originó y se desarrolló ese modelo de dirección caduco.

 La implementación se hizo mediante la incorporación masiva, desde el momento inicial, de equipos de incondicionales procedentes de la Comunidad de Madrid a los que se les asignaron todos los puestos de una nueva estructura de cargos directivos creada por decreto y con poderes sobre toda la organización municipal pre-existente, y la continuación de ese proceso de forma permanente hasta la ocupación de todas las parcelas de mando por parte del personal de confianza trasladado desde la Comunidad de Madrid.

 En paralelo al ostracismo y apartamiento de todo puesto de responsabilidad de cualquiera que tuviera la condición de miembro de los equipos de dirección anteriores del Ayuntamiento de Madrid o la condición de funcionario de carrera del Ayuntamiento; una estrategia de concentración absoluta de todos los mecanismos de decisión y de mando en personal “afecto” procedente de la Comunidad de Madrid.

 No era cuestión, sin embargo, de ponerse en contra de manera radical a todos los profesionales de la anterior administración municipal a los que se apartaba totalmente del poder municipal, por lo que se recurrió a la concesión de ciertas dádivas que sirvieran para paliar los daños causados: junto con los oportunamente cesados, la mayoría conservaron los puestos que ya tenían previamente, a algunos se les aumentó de nivel, incluso a algunos se le permitió ascender a los escalafones inferiores de la nueva superestructura organizativa creada, que en la inmensa mayoría de sus niveles y por supuesto en los más altos, estaba reservada en exclusiva a los procedentes de la Comunidad de Madrid y en algunos casos de otras Administraciones públicas o simplemente “del partido”.

 Pero siempre con la condición de que esas mejoras, esos ascensos, quedasen siempre por debajo de las de los realmente ascendidos y mejorados: los grupos de incondicionales del Sr. Gallardón. Si a los anteriores responsables municipales, a los funcionarios del Ayuntamiento, se les conservó su puesto o incluso a algunos se les mejoraba, a aquellos grupos de leales se les situaba muy por encima, colocándoles en una nueva estructura de “cargos directivos” sobre-remunerados, superpuesta a la organización existente. Se conservó la organización previa, incluso ampliada y “mejorada”, pero subordinada a una superestructura con cargos mucho mejor pagados y a la que se dio todo el poder real de  decisión. Así a la organización anterior se le vaciaba de poder y quedaba relegada a un papel de mera gestión, supeditada a la nueva estructura de dirección.

 Todo ello en una estrategia predeterminada de ocupación total completada con el arrinconamiento de los funcionarios municipales identificados con el “antiguo régimen” y su sustitución por funcionarios externos, en principio procedentes de la Comunidad de Madrid y luego, cada vez en mayor número, de las demás Administraciones, en sucesivas oleadas de creación de organismos, re-estructuraciones organizativas, ampliaciones de plantillas, modificaciones de relaciones de puestos de trabajo, procesos selectivos abiertos a todas las Administraciones públicas, etc. Y sin que importara el coste que todo esto suponía, ni la exuberancia de cargos de la nueva organización municipal.

 Antes de la llegada a la alcaldía del Sr. Gallardón, la dirección de la gestión en el Ayuntamiento estaba encomendada, en su nivel más alto, a funcionarios municipales nombrados como Directores de Servicios, de nivel 30. No había más de 30/40 puestos de esta categoría. En el escalón inmediatamente inferior los Jefes de Departamento, de nivel 28. La nueva estructura de dirección suprimió las Direcciones de Servicio y estableció una estructura basada en un abanico de órganos directivos: Coordinadores Generales, Secretarías Generales Técnicas, Directores Generales, Gerentes y “asimilados” que pasaron a ser ocupados por “personal directivo” con los sueldos referenciados a los de los Secretarios de Estado, muy por encima de los de los niveles 30. Por debajo de esa estructura se conservó la organización municipal pre-existente añadiendo dos categorías nuevas, Subdirectores Generales nivel 30 y asimilados (cuyo número se cuadruplicó con respecto a los niveles 30 pre-existentes) y Jefes de Servicio nivel 29. El resultado es que a lo que ya había se sumaron 120 “cargos directivos”, 160 niveles 30, otros tantos niveles 29.

 Ni que decir tiene que los funcionarios de carrera del Ayuntamiento quedaron excluidos, salvo excepciones puntuales, de la posibilidad de acceder a esos puestos de “personal directivo”, puestos que quedaron reservados, como ya se ha dicho a personas procedentes mayoritariamente de la Comunidad de Madrid o de otras Administraciones.

 A esto habría que añadir que, dentro del proceso generalizado de colonización de la administración por los partidos políticos, se produjo la incorporación progresiva de cada vez un número mayor de personal “eventual” o “de confianza”, asesores y consejeros de libre ingreso elegidos por los partidos políticos en proporción al nº de sus concejales, y por lo tanto mayoritariamente por el Partido Popular, e integrados en la administración municipal sin necesidad de pasar por ningún tipo de prueba, concurso, examen u oposición, y mayoritariamente con retribuciones cercanas a las de lo alto de la tabla. En el momento de la salida del Ayuntamiento del equipo de Gobierno del anterior Alcalde, noviembre de 2011, el número de puestos de personal “eventual”, “de confianza política”, ascendía a 260. A fecha actual sigue habiendo en la administración municipal 210 puestos reservados para este tipo de personal.

 El coste de todo esto a nivel económico ha sido enorme, un incremento desproporcionado del gasto en el capítulo de personal en la línea del despilfarro que se ha dado en todas las áreas de gasto durante los dos mandatos del anterior Alcalde y que ha llevado al Ayuntamiento al estado de necesidad de rescate. En el periodo de esos dos mandatos, años 2003 a 2011, los gastos de personal –sin contar los de las empresas municipales- pasaron de un importe de 870 millones de euros en 2003 a ser de 1.350 millones de euros en 2011. Un crecimiento de más del 55 %, precisamente en un periodo de tiempo en que al menos en la mitad de esos ejercicios hubo congelación salarial seguida de una disminución nominal –y real- de los sueldos de los funcionarios públicos.

 Cabe el consuelo de pensar que esto es poca cosa comparado con el aumento de la deuda de la Ciudad de Madrid en el mismo periodo: en 2003, cuando Gallardón salió elegido la deuda municipal consolidada ascendía a final del ejercicio a 1.460 millones de euros,  una cifra dentro de los parámetros normales. Cuando éste dejó la Alcaldía, a final del ejercicio de 2011, la deuda municipal consolidada era de ¡6.910 millones de euros!. Un aumento total de más del 370 %. Lo que significa un aumento acumulativo de casi el 50 % anual durante esos ocho años. Más deuda acumulada que la de todos los Ayuntamientos de España juntos.

 Pero el incremento de los costes económicos del personal no ha sido la única consecuencia. Ha habido otra no menos importante: la extensión de la mediocridad en el ámbito de la función pública en el Ayuntamiento de Madrid conseguida a base del culto a la personalidad, la politización, la jerarquización extrema, la sumisión incondicional a las jefaturas y la pérdida de la independencia profesional de los cargos directivos y el soslayamiento de la autonomía profesional y de la independencia de criterio de los funcionarios, el rechazo de las capacidades críticas de los profesionales de la función pública municipal.

 ¿Qué consecuencias ha tenido todo esto para los funcionarios municipales y cuáles son las perspectivas?

 Hasta aquí se ha hecho un balance. Las perspectivas… en otro capítulo.

Asociación de Funcionarios de Carrera del Ayuntamiento de Madrid

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